Pablo Arce

Firmá la petición porque en Argentina, la infancia fuera de agenda es una decisión política

Durante estos años construimos algo concreto: más de 10.000 personas como vos sostienen esta petición y forman parte de una comunidad que no acepta el silencio frente a la violencia contra la infancia. Los proyectos de ley que impulsamos a nivel nacional pronto perderán estado parlamentario. No porque el problema esté resuelto, sino porque no forma parte de las prioridades de la dirigencia política. Mirá la actualización y firmá en Change.org Desde el año pasado, frente al anuncio del Poder Ejecutivo de avanzar con una reforma del Código Penal que contempla la prescripción en estos delitos, exigimos integrar la mesa de discusión. Somos quienes instalaron este tema en la agenda pública y quienes producen conocimiento, propuestas y herramientas concretas para abordarlo. Lo que está en juego no es técnico. Es una definición ética y política sobre el lugar que la infancia ocupa en la Argentina. Frente a este escenario reordenamos nuestra táctica y estrategia de cara a los próximos años. ARALMA trabaja hace 23 años en salud mental, derechos humanos e incidencia pública. Es parte de quienes pusieron en agenda la problemática del maltrato y la violencia sexual contra la infancia y de quienes impulsan herramientas pioneras para su abordaje. Desarrollamos, entre otras iniciativas, un plan nacional de salvaguarda infantil y sostenemos una línea de trabajo que articula investigación, intervenciones territoriales, producción académica, producción artística, protocolos e incidencia concreta. Mientras la política posterga, nosotros estamos en los medios marcando el pulso de esta agenda inclaudicable. Desde 2021 sostenemos un conjunto de iniciativas legislativas e internacionales que abordan de manera directa la prevención del maltrato y la violencia sexual contra la infancia en todas sus formas: la eliminación de la prescripción, la creación de Comisiones de la Verdad y mecanismos de reparación, la necesidad de un Ministerio de la Infancia para la Argentina y la campaña La Voz de la Infancia (creada en 2015) junto con el impulso, desde 2024, del 8 de agosto como Día de la Voz de la Infancia a nivel nacional e internacional. Estos últimos tienen avances concretos. El 8 de agosto fue reconocido hace pocos días en Neuquén y cuenta con un proyecto presentado en Santa Fe. En esa misma provincia, la Comisión de la Verdad y Reparación ya ingresó en tratamiento legislativo. No son hechos aislados. Son expresiones de una construcción sostenida que articula incidencia, producción de conocimiento y acción en distintos niveles. La falta de tratamiento legislativo de estas temáticas es una decisión política. Y frente a eso, no retrocedemos. Sostenemos esta agenda y la imponemos donde hoy se la intenta excluir. Esta petición es una herramienta para lograr que estos temas entren en la agenda política. La experiencia es clara: sin presión social, no hay respuesta institucional. Hagamos de esto un problema imposible de ignorar. Involucrate. Sumate. Hacé que circule. Seguimos, sin pausa.   De qué se trata   Dos nuevos proyectos de vital importancia con miras a erradicar la violencia sexual en Argentina fueron presentados el pasado 14 de marzo en la Cámara de Diputados de la Nación y hoy siguen su camino. La iniciativa construida en el seno de la sociedad civil fue articulada por Aralma con el apoyo de la diputada Gabriela Brouwer De Koning (UCR) y el acompañamiento inicial de legisladores de distintas bancadas y provincias.  El primero busca la creación de la Comisión Investigadora Independiente de la Verdad y la Reparación sobre Delitos de Violencia Sexual padecidos en la Infancia y/o Adolescencia. Tendrá como objetivo “contribuir al esclarecimiento y reparación de las graves violaciones a los derechos humanos relacionadas a delitos violencia sexual”. La Comisión estará integrada por nueve miembros designados por el Congreso de la Nación provenientes de la sociedad civil; universidades nacionales; colegios profesionales y una personalidad destacada en la lucha contra este tipo de delitos. El segundo proyecto solicita la Imprescriptibilidad de los delitos de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes y la modificación de la denominación “abuso sexual” por “violencia sexual” en el Código Penal de la Nación. En el artículo 5 determina que “la acción es imprescriptible (…) cualquiera que sea la fecha en que se hayan cometido y cuando la víctima sea niño, niña o adolescente hasta que, habiendo cumplido la mayoría de edad, pueda formular por sí la denuncia o ratificar la formulada por sus representantes legales durante su minoría de edad” o “si como consecuencia de cualquiera de los delitos indicados hubiera ocurrido la muerte del niño, niña o adolescente, comenzará a correr desde la medianoche del día en queaquél hubiera alcanzado la mayoría de edad”. Tanto el expediente 0573-D-2025 como el 0572-D-2025 respectivamente comienzan su trámite parlamentario en las comisiones establecidas como primera competencia. La denominada “Ley sin plazo para la verdad” considera que la víctima en una etapa inicial bloquea el episodio o no es consciente de que ha sido objeto de un ataque sexual. “Reconocer y asumir que se ha sido víctima de un delito de esa naturaleza a veces demanda años” menciona la directora de Aralma, la Lic. Sonia Almada quien afirma que “la gravedad de estos delitos, su notable incremento y la brutalidad de las secuelas que dejan en las víctimas requieren de un tiempo extra para su elaboración en comparación con otros”. Por qué es importante esta petición   En los últimos 12 meses, 82 millones de niñas y 69 millones de niños han sufrido algún tipo de violencia sexual en el mundo, lo que equivale a aproximadamente tres niñas y dos niños por segundo. Estas cifras, documentadas en el libro Break the Record, fueron recopiladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Universidad Estatal de Georgia, la Universidad Agrícola de China, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos y la Universidad de Edimburgo. La comunidad puede apoyar los proyectos dejando su firma en la plataforma Change.org haciendo click en el link “para que ninguna víctima más tenga que enfrentarse al silencio y la impunidad”. Mira la actualización aquí. Si leíste esta nota. Te puede interesar: Primera Conferencia Ministerial Mundial para poner fin

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Cortar el hilo por lo más delgado: Infancia, delito y responsabilidad penal

Cada vez que hechos policiales involucran a niños, niñas y adolescentes, reaparece el debate sobre la edad mínima de responsabilidad penal. Qué muestran los datos, qué exige el marco jurídico y qué efectos produce el encierro temprano en la salud mental. Una sucesión de casos que involucran a niñas, niños y adolescentes en situaciones de vulnerabilidad volvió a sacudir a la Argentina en las últimas semanas. Desapariciones, homicidios, niños utilizados para el narcomenudeo, niñas para la explotación sexual, adolescentes atravesados por violencias múltiples que el sistema no supo, o no quiso, ver a tiempo. No son solo crónicas policiales, solo por salir a la luz de los medios. Son síntomas sociales que denuncian el deterioro de los sistemas de cuidado, prevención y protección y la urgente necesidad de una política de salvaguarda infantil de estándar internacional. Los servicios locales de todo el país se encuentran colapsados por las solicitudes de intervención que los trabajadores precarizados intentan dar respuesta sin tregua. Con esto quiero decir que los niños y niñas sin red en nuestro país cada vez piden más ayuda, pero no siempre logran conseguirla.  Pero esos no son los únicos hechos que involucran a adolescentes. Existen otros delitos que rara vez ingresan a la agenda pública y que, sin embargo, forman parte de la vida cotidiana de ciertos sectores sociales: robos y destrozos dentro de barrios privados que se resuelven en silencio, torturas y crueldades hacia animales naturalizadas como juegos, agresiones de índole sexual entre pares que no se denuncian, consumo, compra y venta de estupefacientes que no configuran delito porque ocurren bajo determinadas condiciones de clase. No todo lo que infringe la ley convoca castigo ni genera escándalo.  Los hechos policiales reactivaron el debate público, siempre agazapado y circular,  y encendieron alarmas que no son nuevas pero reaparecen cada vez que la infancia ingresa en la agenda cuando ya ha sido dañada o está en una posición victimaria. Volvió a instalarse con fuerza una respuesta conocida: la baja de la edad de punibilidad. Esto significa en Argentina bajar el piso de edad, ahora ubicada en 16 años, a 14 años y algunos proyectos más radicales proponen a 12.  En Argentina, la Constitución Nacional otorga jerarquía constitucional a tratados como la Convención sobre los Derechos del Niño. Ese marco obliga a un sistema penal juvenil especializado y estrictamente diferenciado del de adultos: tribunales específicos, procedimientos orientados al desarrollo y prohibición absoluta de compartir lugares de detención con mayores. En tanto sujetos de derecho en desarrollo, rige el principio del interés superior del niño: las sanciones deben tener finalidad socioeducativa y la privación de la libertad ser siempre el último recurso. Bajar la edad de punibilidad contradice ese mandato constitucional al confundir castigo retributivo con justicia juvenil y sustituir la reintegración social por una respuesta penal temprana. Y también olvida que el problema comienza mucho antes que el delito ocurra y asume, erróneamente, que el castigo temprano pudiera reparar aquello que no fue cuidado ni sostenido a tiempo.  El país se divide entre “no a la baja” y “cárcel y castigo”. Mi posición, fundada en el conocimiento directo de las trayectorias infantiles atravesadas por la pobreza, la exclusión y la desprotección, es la primera. Sostengo “no a la baja” porque conozco de cerca a los niños y niñas privados de casi todo, que en realidad ni siquiera intentan desafiar la ley y el orden, sino que intentan tomar algo de lo que les fue negado simplemente por haber nacido bajo determinado cielo infernal. A veces, lo que hacen es gravísimo. Tan grave que duele escucharlo y te destroza el alma acompañar a los deudos de las víctimas, tanto como escuchar las historias de vida de los perpetradores infantiles. Pero es indispensable no perder de vista la dimensión real del fenómeno: los adolescentes en infracción con la ley penal representan menos del 0,1 % del total de jóvenes del país y, dentro de ese universo, los delitos graves son excepcionales. Nombrar estos datos no relativiza el daño ni el sufrimiento causado; impide convertir a una minoría ínfima en chivo expiatorio. Esto no implica una propuesta abolicionista, sino la necesidad de un régimen penal adolescente acorde a los compromisos asumidos con la infancia a nivel global. A continuación, algunos datos oficiales permiten dimensionar el alcance real del fenómeno: En 2023, solo 4.156 adolescentes estuvieron sujetos a medidas del sistema penal juvenil en todo el país. • La mayoría de las causas correspondió a delitos contra la propiedad (55,7 %), siendo el robo el más frecuente (55,5 %). En la provincia de Buenos Aires, de 1.036.696 investigaciones penales iniciadas en 2023, apenas el 2,24 % involucró a menores de edad. Según el relevamiento nacional de dispositivos penales juveniles (2023), había 1.927 adolescentes de 16 y 17 años alojados en establecimientos o incluidos en medidas territoriales del sistema penal juvenil. Los menores de 16 años (no punibles por edad) representaron el 1,1 % del total: 44 adolescentes. En términos poblacionales, los adolescentes en infracción con la ley penal representan menos del 0,1 % del total de jóvenes de 14 a 17 años del país, según proyecciones del INDEC para 2023. Ese número ínfimo, 0,1 %, ocupa, sin embargo, una centralidad desmesurada en la conversación pública, como si allí se condensara todo el peligro, toda la violencia y toda la amenaza social.  En ese clima, se repite una consigna que suena contundente pero simplifica hasta la distorsión: “delito de adultos, pena de adultos”. La idea de equiparar delitos cometidos por niños o adolescentes con delitos de personas adultas se presenta como sentido común, aun cuando los datos oficiales muestran que la inmensa mayoría de los delitos graves son cometidos por adultos y que la participación infanto juvenil es marginal en términos estadísticos. Además, la imputabilidad no refiere solo al acto cometido, sino a la capacidad psíquica y jurídica de una persona para comprender la criminalidad de ese acto y dirigir sus acciones, una condición que en la infancia y la adolescencia —por tratarse de sujetos

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Cuando el juego deja de ser juego: de la gamificación infantil a las apuestas online

La nota analiza cómo la lógica de la gamificación, presente desde la infancia en juegos, aplicaciones y plataformas digitales, puede favorecer conductas adictivas en niñas, niños y adolescentes. A través de estímulos diseñados para captar atención y promover repetición, el juego deja de ser una experiencia libre y se transforma en un sistema de recompensa constante. Esta dinámica facilita el acceso temprano a las apuestas online, muchas veces sin búsqueda activa por parte de los adolescentes. El artículo advierte sobre el impacto en la salud mental, el endeudamiento digital y la necesidad de regulación, prevención y acompañamiento adulto para proteger a las infancias y adolescencias. Ver la nota completa Leer la nota completa en INFOBAE

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Escuchar antes de la caída: lo que revelan las internaciones infantiles por crisis emocionales

Cada vez más niños y adolescentes son internados por crisis emocionales graves, autolesiones e intentos de suicidio, lo que evidencia un aumento sostenido del sufrimiento psíquico en edades cada vez más tempranas. Las internaciones suelen ocurrir cuando ya fallaron otras instancias de contención, en un contexto de escasez de dispositivos comunitarios y preventivos. La depresión y la angustia infantil muchas veces se expresan de forma diferente a la de los adultos, lo que dificulta su detección oportuna. Organismos internacionales advierten que la violencia, el abuso, la sobreexposición digital y la falta de redes de apoyo inciden directamente en este fenómeno. Especialistas señalan la urgencia de escuchar a tiempo y fortalecer políticas públicas de cuidado en salud mental para evitar llegar “después de la caída”. Etiquetas: salud mental infantil, adolescencia, crisis emocionales, internaciones, prevención, suicidio juvenil, infancia, políticas públicas, cuidado emocional Leer la nota completa en INFOBAE

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Gracias por acompañar esta petición que impulsa dos leyes indispensables: la imprescriptibilidad penal de los delitos de violencia sexual contra bebés, niñas, niños y adolescentes y la creación de Comisiones de la Verdad y la Reparación. Más de 10.000 personas se sumaron. No se trata de un número, sino de una posición ética colectiva frente a una injusticia histórica. Estamos muy agradecidas. Desde hace más de veinte años, la Asociación Civil ARALMA trabaja de manera independiente en tres ejes: protección de las infancias, acompañamiento a sobrevivientes e incidencia pública. Queremos compartir parte de lo que realizamos este año: trabajo sostenido, clínico, comunitario, legislativo e internacional para que la infancia sea escuchada, protegida y reparada. Qué hicimos en 2025 1. Acompañamiento a sobrevivientes Sostuvimos espacios grupales mensuales para sobrevivientes de violencia sexual en la infancia y adolescencia. Brindamos acompañamiento clínico, psicosocial y familiar en situaciones de alta complejidad. Intervenimos en casos críticos de primera infancia, elaborando estrategias de cuidado y prevención. 2. Capacitación nacional e internacional Capacitamos a equipos de educación, salud, justicia, deporte y organizaciones comunitarias en distintas provincias del país. Formamos a profesionales y voluntariado en prevención, escucha protegida, acompañamiento clínico y protección integral. Desarrollamos contenidos especializados para instituciones que necesitaban actualizar protocolos y prácticas. Participamos en espacios y jornadas internacionales dedicadas a violencia sexual, salud mental, derechos humanos y sistemas de cuidado infantil. 3. Incidencia legislativa y defensa de derechos Re-presentamos los proyectos nacionales de imprescriptibilidad penal. En Santa Fe avanzó el proyecto de Comisión de la Verdad y la Reparación, que obtuvo despacho favorable. Participamos en reuniones técnicas en el Congreso y en otros espacios institucionales de formulación de políticas públicas. Presentamos ante la Bicameral el pedido de apertura del concurso para la Defensoría de NNyA. Elaboramos el Informe Internacional de Seguimiento 2025 para el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas. 4. Investigación y producción de conocimiento Publicamos el Código de Conducta Institucional para la protección infantil. Presentamos el diagnóstico “Infancias ocultas: hacia un marco nacional de salvaguarda”. Difundimos los resultados de la Primera Encuesta Nacional sobre Maltrato y Abuso Sexual en la Infancia y Adolescencia. Estrenamos el documental “Origen Mío”, basado en investigación propia. Creamos el archivo audiovisual Conversaciones a Contraluz, un espacio de memoria y registro de violencias silenciadas. 5. Campañas y acción pública Impulsamos campañas nacionales e internacionales: La Voz de la Infancia, Día del Paraguas Azul, Blue Umbrella Day. Desarrollamos la acción solidaria “Un juguete, un abrazo” para las infancias afectadas en Bahía Blanca. Sostenemos acciones de sensibilización en escuelas, instituciones y redes sociales con alto alcance. 6. Presencia y participación internacional Participamos y organizamos eventos, seminarios y diálogos globales sobre maltrato, violencia sexual infantil, sistemas de cuidado, salud mental y acceso a la justicia. Compartimos herramientas clínicas, comunitarias y de incidencia que forman parte de nuestra trayectoria. Fortalecimos alianzas y estrategias comparadas con organizaciones de otros países, en agendas que trascienden fronteras y requieren articulación global. 7. Nuevos proyectos institucionales Lanzamos Casa ARALMA – Escuela de Orientación Familiar, un espacio para acompañar a madres, padres y cuidadores en salud mental y crianza. Ampliamos la herramienta Lile, que incorporó nuevos idiomas y materiales para su circulación Reconocimiento del Senado de la Nación En este recorrido, ARALMA recibió este año un reconocimiento del Senado de la Nación Argentina( Foto) por más de veinte años de trabajo en la visibilización del maltrato hacia la infancia, la producción de conocimiento, la incidencia legislativa y el acompañamiento a sobrevivientes infantiles y adultos. Esto es solo una parte del trabajo que realizamos cada año, con compromiso, pasión y sin pausa. Este recorrido muestra la amplitud y la responsabilidad de la tarea: acompañamiento clínico, formación, investigación, campañas, presencia pública e incidencia legislativa. Todo forma parte de una misma convicción: la protección de las infancias exige continuidad, equipos preparados y una institución activa en todos los frentes donde se disputan derechos. Por eso, además de acompañar esta petición y difundirla, abrimos una invitación para quienes quieran respaldar institucionalmente este trabajo. Es otra forma de ser parte de una causa colectiva que no puede retroceder. BANCO PROVINCIA Cuentas oficiales de ARALMA Cuenta en pesos – Caja de ahorro CBU: 0140028101509606286641 Alias: CUADRO.LIBRE.JARDIN Titular: ARALMA ASOCIACIÓN CIVIL Cuenta en dólares – Caja de ahorro CBU: 0140028104509651124515 CUIT: 30-71574680-4 Mercado Pago Alias: lavozdelainfancia CVU: 0000003100099057589712 Gracias por acompañar, por involucrarse y por no mirar para otro lado. La infancia merece ser escuchada, cuidada y reparada. Entre todas y todos, podemos hacerlo posible.

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Cuando el mundo adulto se impone sobre las infancias: las experiencias adversas de esta época

Vivimos en una cultura adulta que impone ritmos y exigencias que las infancias no pueden procesar, generando sobreestimulación y poca consideración por sus tiempos reales. Esa “adversidad temprana”, más ligada a mandatos culturales que a negligencias individuales, termina afectando su desarrollo emocional y su bienestar. El artículo señala que priorizar el deseo adulto por encima de las necesidades infantiles es una forma de violencia cotidiana. Publicado en Infobae y escrito por Sonia Almada, el texto subraya que cuidar la infancia no es limitar la vida adulta, sino construir entornos sensibles, seguros y respetuosos. Ver la nota completa en Infobae.    Leer la nota completa en INFOBAE ARALMA trabaja desde hace más de veinte años para proteger a las infancias y acompañar a sobrevivientes.Sumate a una causa colectiva que impulsa verdad, justicia y reparación.Colabore ahora…

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Cristina ante la memoria

[Reseña del libro El invencible verano de Liliana] Por Laura Santos Terminé de leer El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza, acostada en mi cama, debajo de una manta, con el brazo izquierdo entumido porque mi gato me abrazaba. Ay, Dios, qué libro tan triste dije en voz alta. A Liliana la mató un hombre que no quiso que viviera sin él. Treinta años después, Cristina, su hermana, decide investigar qué pasó. Viaja a la Ciudad de México para reconstruir la historia de Liliana, como si intentara impedir el asesinato. No estoy exagerando: es un libro que deberíamos leer todas las personas. El patriarcado mata. Nos mata a nosotras. Cada diez minutos, una mujer es asesinada por su pareja u otro miembro de la familia. Al terminarlo me quedó clara una cosa: la única diferencia entre Liliana y yo, entre Liliana y tú, es que no nos hemos encontrado con un asesino. Este no es un libro que pueda leerse como cualquier otro: es memoria, es duelo. Rivera Garza convoca a un acto íntimo y doloroso, pero también profundamente político. Poner a la víctima en el centro es una forma de resistir, una manera de disputar la narración que históricamente se les arrebató a las mujeres asesinadas. Al narrar la violencia de género, es habitual que el foco se desvíe hacia el agresor. Los violentos son figuras tan atractivas que parecen reclamar el centro de la escena. Cristina no cede a esa tentación. Se detiene en Liliana. La humaniza. Restituye lo que la violencia intentó borrar En la historia, lo primero que hace Cristina es buscar el expediente de su hermana, perdido entre estantes y trámites que nunca parecen llegar a nada. Ese camino la lleva a la indiferencia de los servidores públicos, a oficinas que desalientan, a la revictimización institucional que tantas familias conocen. En una segunda parte, abre las cajas de Liliana. Lee cartas, diarios, apuntes. Habla con amigas y amigos que todavía la recuerdan. Esta mujer asesinada va tomando cuerpo a través del recuerdo. Uno de los méritos más hondos del libro es su exploración del lenguaje. Rivera Garza analiza cómo en 1990 no existían las palabras necesarias para nombrar lo que había pasado. No existía “feminicidio”, ese concepto usado en México que hoy señala el asesinato de una mujer por razones de género y que permite reconocer la dimensión estructural de la violencia. Sin ese lenguaje, dice Cristina, la denuncia se fragmenta y la resistencia se vuelve más difícil. El duelo también ocupa un lugar crucial. Cristina ha dicho muchas veces que no cree que la literatura sea terapéutica, pero admite que escribir le permite compartir su dolor. No es una sanación, pero sí una forma de acompañamiento. A pesar de la tristeza que atraviesa toda la obra, hay un pulso de esperanza en el mensaje. Yo no pude apropiarlo. No después de leer las cifras locales. Hasta septiembre de 2025, el observatorio “Ahora que sí nos ven” registró 178 femicidios en Argentina. El 15 % de las víctimas había denunciado previamente. Rivera Garza, en el libro, se aferra a una frase que repite como un conjuro: “lo vamos a tumbar, al patriarcado lo vamos a tumbar”. ¿Lo vamos a tumbar?    

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Arte para prevenir la violencia sexual: conocé los relatos y dibujos de la convocatoria 2025

  En este espacio reunimos los relatos y expresiones artísticas enviados por sobrevivientes de violencia sexual padecida la infancia y la adolescencia. Son testimonios cuidadosamente resguardados, compartidos desde la valentía, la necesidad de verdad y el derecho a ser escuchados. Cada texto y cada imagen expresan procesos singulares de dolor, memoria, resistencia y búsqueda de recuperación. Publicarlos es una forma de romper el silencio, ampliar la conciencia social y fortalecer la prevención. Agradecemos profundamente a quienes confían en Aralma para poner en palabras y en arte lo que durante años fue callado. Aquí, sus voces tienen un lugar digno, protegido y necesario.   Todos los derechos reservados. Los relatos y las ilustraciones que los acompañan —realizadas por Luz del Alma, ilustradora y sobreviviente— están protegidos por la normativa vigente en materia de derechos de autor.Queda prohibida su reproducción total o parcial, difusión o adaptación sin la autorización expresa de Aralma Asociación Civil y de sus autores/as. Este resguardo protege no solo las obras, sino también la identidad, la integridad y la dignidad de quienes confiaron sus testimonios para ser compartidos en este espacio Relatos y testimonios de Sobrevivientes Dieciocho Tenía 18. Pero ya había soportado todas las ausencias que pudieran caber a esa edad. Ya me habían vulnerado en nombre del cuidado. Ya me habían dicho que harían todo para evitar que me golpease contra la pared.  Se regía por una rara lógica. El sabía que afuera me podían pasar otras cosas. Lo supe leer a tiempo, pero también sabía que no podía contar nada porque la catástrofe se sentiría peor. Había muchos otros ahí afuera que cazaban el riesgo social y salían al ruedo. Unos te hacían sentir que era interesante hablarte y siempre había un otro que cuidaba. Pero ese también vulneraba.  No quería que cayera la tardecita. No quería quedarme sola. Sabía que otra vez alguien en nombre de no sé que, me violentaría. Era una charla, un baile, una enseñanza de manejo. Era tango y era noche. Era soledad. Aún sabiendo que algo no estaba bien, permanecía. Y algún otro empezó a estar.  Pasó el tiempo. Llovía. Y dentro de ese auto me sentí totalmente sola y desgarrada. Sus manos circulando me daban escalofríos. Estaba congelada. Me dijo que podíamos dejar de ser lo que éramos. Yo tenía un libro. Un reglamento. Lo aferré entre mis manos y me sostuvo hasta que pude correr. Pedí ayuda. Salí. Desaparecí. Me acompañaron. Y al otro día tuve que volver como si nada hubiera pasado. Porque era conocido. Porque había jerarquía. Porque no podía no volver. Aunque ya no era lo mismo. No sé cuántas veces pasaron esos momentos de incomodidad. No puedo contarlos en meses o en días. Solo que eran feos. Un día su alguien cercano me preguntó si fue verdad. Dije que si. Me dijeron que era chica y que podía haber pedido ayuda. Le dije que hice lo que pude. Y no me hubiera imaginado haciendo otra cosa. De solo fabular el haber pedido ayuda adentro de mí hogar, se hubiera desatado el caos. Y para caos, estaba mí corta vida. Moraleja: si quieres cuidar a un hijo, nunca le digas que harías lo que fuera necesario, aún en sentido figurado. El miedo a que el caos se desate es peor que aguantar la tormenta en silencio. Laura, 43 LA SIESTA Odio la siesta. Odio la siesta porque mamá se va trabajar, y él se queda. Él se queda porque está sin trabajo. Y se va a dormir. Y cuando se despierta me llama. Me pide que le acerque una taza de café. Cuando voy, me toma de la mano. Siento sus manos en mi cuerpo. Siento su cuerpo pesado apretado contra el mío. Quiero gritar. Quiero huir, pero me quedo paralizada. Mi cuerpo es de piedra. No puedo hacer nada. Siento asco, miedo, terror y quisiera correr, correr y correr. Pero no puedo. Me quedo ahí, a su merced, hasta que él se siente satisfecho. Entonces me suelta, no sin antes recordarme que es nuestro secreto. Corro escaleras abajo, intento respirar. Me falta el aire. Abrazo mis piernas y lloro Después lo veo venir, como si nada… recibir a mamá con un beso, reírse…Y nadie se da cuenta de que yo estoy rota. Rota por dentro, destruida y nadie, nadie lo nota. LS, 74 años Me crié con mis abuelos, iba de visita a casa de mis progenitores los fines de semana. Recuerdo siempre sentir rechazo hacia él. Al llegar a la preadolescencia me di cuenta por qué. Sufrí abuso sexual desde que tengo memoria. Pero hubo un hecho que me dió claridad, la primera vez que me realizó sexo oral. Estábamos mis hermanos y yo solos con él. Yo entré al baño y cuando salí, me pidió que subiera la pierna a un banquito de madera, y ahí sentí que toda mi inocencia fue robada. Las cosas se intensificaron. No perdía oportunidad para tocarme, para hacer que yo lo toque a él. Era una nena que no sabía siquiera que los genitales de los adultos tenían pelos, esa sensación de tocarlo y sentir sus vellos púbicos me ha dado nauseas mucho tiempo. A mis 12 años me di cuenta que también abusaba de una de mis hermanas. Ella tenía 6 años y me contó todo lo que sufría día a día (convivía con él). Hablé con mi mamá, ellos se separan, lo denuncia y jamás quedó detenido. Lo mío siempre lo negué, la vergüenza que sentía era enorme, y también el miedo, miedo a que le pase algo a mis abuelos maternos (los que me criaron), sentía que se iban a morir de tristeza, miedo a que le haga lo mismo a todos mis hermanos, miedo a que nos mate. A mis 22 años enfrenté mis miedos y lo denuncié. A los dos años fue detenido. Estaba en la cocina de mi casa con mi pareja y por las ventanas entró el estribillo de una bella canción: “tarda en llegar, y al

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Hacerle el juego a la derecha por izquierda

Por Sonia Almada 22 de octubre de 2025   Me senté frente a la computadora para seguir la sesión de la Comisión Bicameral de la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes. No esperaba ganar, justamente porque no soy militante de ningún partido. No imaginaba, sin embargo, lo que vendría. Confiaba al menos en algo de la transparencia tan resonada en la Cámara durante los tres meses que duró el concurso. Los participantes no fuimos invitados.  Algunos candidatos se reunieron en un bar cercano al Congreso para acompañarse en la espera. Y lo que vimos desde afuera fue una decisión tomada a puertas cerradas el 22 de septiembre, transmitida por Diputados TV en un espectáculo lamentable. El clima político en Argentina es turbio. El gobierno perdió por paliza la elección en la provincia de Buenos Aires y se acerca debilitado al 27 de octubre, con la pobreza creciente y escándalos como la criptomoneda Libra, las coimas en el área de discapacidad y discursos de odio cada vez más encendidos. Una oposición envalentonada, que disimula cohesión, y una sociedad golpeada y descreída de sus representantes completan el cuadro. La Defensoría, creada por la Ley 26.061 en 2005, fue concebida como un organismo autárquico con independencia para fiscalizar al Estado y exigir políticas públicas para la infancia. Se asemeja a figuras existentes en Europa, como la Coordinadora del Parlamento Europeo para los Derechos del Niño o el defensor de la infancia en Noruega. Su misión es clara: ser un faro autónomo, capaz de señalar fallas, proponer políticas y defender a quienes aún no tienen voz ni voto. Pero en lugar de cumplir esa función, quedó atrapada en la lógica de la rosca política. El proceso era evidente en la letra del reglamento: concurso público con cuatro etapas —antecedentes, examen escrito, plan de trabajo, audiencia pública—. En la práctica fue otra cosa.  Tras la destitución de Marisa Graham en junio de 2025, la Defensoría quedó acéfala. El gobierno demoró meses en conformar la Bicameral. No quería hacerlo, cuando lo hizo, convocó un concurso exprés, bajo presión política, sin debate real sobre el perfil que la Defensoría necesitaba. Nos inscribimos 231 personas. Quedamos 69 finalistas. Tres meses de trabajo a destajo: currículums, diagnósticos, exámenes jurídicos, planes quinquenales, audiencias públicas, adhesiones de organizaciones sociales, académicas y comunitarias. Un esfuerzo monumental en muy poco tiempo. Y todo para terminar convertidos en escenografía. El concurso nunca existió. Las irregularidades fueron inocultables. No se publicaron todos los currículums —con el insólito argumento de que algunos postulantes “no lo autorizaban”— cuando la transparencia es condición básica para un cargo público. Tampoco las adhesiones, requisito clave para mostrar respaldo institucional. Nunca supimos cómo se ponderó nuestro trabajo. La opacidad no fue negligencia, fue estrategia. La secretaría no contestaba los correos que enviábamos una y otra vez. Solo algunos recibieron comunicaciones aisladas con respuestas burocráticas. El resultado fue un orden de mérito que no evaluó: humilló. A quienes llevamos décadas trabajando en territorio y en la academia, nos dejaron afuera con un gesto de desprecio. El mensaje fue claro: a quienes exigimos transparencia, se nos castigó. El único que denunció lo que ocurría fue el diputado libertario Nicolás Mayoraz. No lo hizo por convicción en los derechos de la infancia, sino para jugar su propia partida política, ya que nunca antes había estado vinculado activamente a esa agenda. Señaló conflictos de interés y anticipó los nombres que aparecerían en la terna dos semanas antes de que se publicara. El resto de la Bicameral avaló la Resolución 12/2025 que consagró la maniobra. La constatación es brutal: Unión por la Patria y la Unión Cívica Radical, que deberían haber funcionado como contrapeso a un gobierno aterrador, terminaron haciéndole el juego a la derecha y actuaron como casta dura y pura. La operación estuvo conducida por la presidenta de la Bicameral, Natalia Sarapura (UCR, Jujuy), y el vicepresidente, Daniel Pablo Bensusán (UxP, La Pampa). Legisladores que garantizaron el reparto en nombre de una política que no defiende a la infancia, sino a sí misma. Afuera, organizaciones de la sociedad civil también lo denunciaron. ASAPMI, con 25 años de trayectoria en prevención del maltrato, advirtió que se eligió a personas sin experiencia probada en infancia, dejando afuera a candidaturas con trayectorias sólidas y nutridos respaldos. Mientras tanto, la Argentina real arde. El 45,4% de las niñas y los niños menores de 14 años son pobres. La pobreza infantil es el principal problema social del país. Y no se limita a ingresos: se agrava por déficits en vivienda, hábitat y servicios básicos. Incluso la medición oficial del INDEC es cuestionada: los números se discuten, pero la realidad en los barrios no admite discusión. A eso se suman hogares atravesados por la violencia, femicidios que dejan cada año a decenas de huérfanos invisibles, y ahora también narcofemicidios, más el suicidio adolescente como una de las principales causas de muerte, según el Observatorio del Desarrollo Humano y Vulnerabilidad de la Universidad Austral. En todo el territorio, los organismos que protegen a la infancia trabajan con recursos mínimos, personal precarizado y sin respaldo. Aumentan de manera exponencial las consultas en el sistema de protección integral  y en hospitales por la salud mental de niños y niñas cada vez más pequeños. En Misiones, una provincia del NEA, ONGs y equipos sanitarios documentaron que niños de comunidades indígenas inhalan combustible para engañar el hambre y el futuro. Allí, como en tantas provincias, los equipos dan batalla día a día para restituir derechos arrasados por la negligencia, la violencia, el hambre y la pobreza estructural. Pero sobre todo, por la indolencia del Estado. En este contexto, la Bicameral tenía la obligación de fortalecer una institución clave. Eligió degradarla. Eligieron a militantes políticos cuya experiencia en infancia es insuficiente. Nos hemos acostumbrado a que organismos de esta magnitud sean conducidos por militantes de turno. Esa costumbre expresa una resignación social y política que naturaliza lo que debería escandalizar. Convertir cargos públicos en botín degrada las instituciones y profundiza la desconfianza colectiva. Y cuando

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