Frente a relatos públicos que promueven la “desdramatización” del abuso sexual infantil, la psicóloga Sonia Almada advierte sobre los peligros de imponer la resiliencia como un mandato. Si bien cada persona procesa el dolor a su manera, transformar una vivencia individual en una regla general corre el foco del agresor e invisibiliza las profundas secuelas que este delito deja en la infancia.

