Sonia Almada conoce el territorio del dolor desde adentro. Por eso, cuando decidió investigar la orfandad por femicidio —esa experiencia extrema que afecta a cientos de niñas, niños y adolescentes en la Argentina— eligió empezar por su propia historia. “En la no ficción uno debe explicitar desde dónde habla”, dice. Y ese punto de partida, lejos de ser un gesto narcisista, es para ella una postura ética: nombrar quién es, qué la atraviesa y por qué se compromete con estas infancias es parte del modo en que busca cuidarlas.
En Huérfanos atravesados por el femicidio (Editorial ConTexto), Almada reconstruye escenas, diálogos y silencios de quienes estuvieron allí, a metros del arma, del fuego o del cuchillo. Infancias que vieron —o escucharon— todo. Infancias que cargan el trauma, la desprotección estatal, la revictimización judicial y la pregunta imposible: “¿por qué no pude salvar a mi mamá?”. Con una escritura rigurosa y conmovedora, la autora analiza la violencia de género como una forma extrema de maltrato infantil y propone políticas urgentes para reparar lo irreparable.

